Existe una creencia muy extendida sobre el cambio psicológico: que mejorar significa avanzar de forma progresiva, constante y sin retrocesos. Bajo esta idea, cualquier recaída suele vivirse como un fracaso personal o como una señal de que “el proceso no está funcionando”.
Sin embargo, desde la psicología y la neurociencia sabemos que el cambio psicológico no es lineal, y que esperar que lo sea no solo es irrealista, sino contraproducente.
El cerebro no aprende de forma continua
El cambio psicológico implica neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para modificar sus conexiones neuronales en función de la experiencia (Kolb & Whishaw, 1998). Este proceso no ocurre de manera constante ni acumulativa, sino en fases.
A nivel cerebral, aprender algo nuevo suele implicar:
- periodos de avance
- momentos de aparente estancamiento
- regresiones temporales
Lejos de ser un error, esta dinámica refleja la forma natural en la que el sistema nervioso se adapta al entorno.
Cambiar no es borrar lo antiguo, es competir con ello
Cuando una persona intenta modificar un patrón psicológico —por ejemplo, una respuesta emocional automática o una forma habitual de pensar— no está empezando desde cero. Está compitiendo contra circuitos neuronales ya consolidados, que llevan años reforzándose.
Estos circuitos antiguos:
- se activan con mayor rapidez
- requieren menos esfuerzo cognitivo
- están asociados a una sensación de familiaridad y seguridad
Por el contrario, los nuevos circuitos neuronales son inicialmente más frágiles y demandan mayor regulación consciente, especialmente desde la corteza prefrontal (Miller & Cohen, 2001). Por eso, en situaciones de estrés o cansancio, el cerebro tiende a volver a respuestas conocidas.
Esto no significa que el cambio haya fallado, sino que aún no se ha consolidado.
Las recaídas no eliminan el aprendizaje
En psicología clínica, las recaídas suelen interpretarse erróneamente como un retroceso total. Sin embargo, desde el aprendizaje y la neurociencia sabemos que el cerebro no “desaprende” de forma inmediata.
Cada intento consciente de responder de manera distinta deja una huella neuronal, incluso cuando el resultado no es perfecto (Hebb, 1949). El aprendizaje se acumula de forma no visible, y puede expresarse más adelante, cuando las condiciones internas son más favorables.
Muchas veces, el cambio se manifiesta primero como:
- una reacción ligeramente menos intensa
- un mayor tiempo antes de responder automáticamente
- una mayor conciencia del patrón
Estos pequeños cambios suelen pasar desapercibidos, pero son señales claras de reorganización cerebral.
Cambiar puede resultar incómodo (y eso es esperable)
Otro aspecto poco divulgado es que el cambio psicológico no siempre se siente bien. En determinadas fases puede generar:
- confusión
- inseguridad
- sensación de incoherencia interna
Desde la neurociencia, esto se explica porque el cerebro está transitando entre redes neuronales antiguas y nuevas, un proceso que requiere energía y genera inestabilidad temporal (Siegel, 2012).
El malestar no indica necesariamente que algo vaya mal; en muchos casos indica que el sistema nervioso está reajustándose.
El cambio ocurre antes en el cerebro que en la experiencia consciente
Diversos estudios muestran que las modificaciones en la regulación emocional y en el control ejecutivo pueden producirse antes de que la persona perciba una mejora subjetiva clara (Davidson & McEwen, 2012).
Es decir:
- el cerebro empieza a cambiar
- la experiencia consciente tarda en notarlo
- la percepción de “avance” llega después
Esto explica por qué muchas personas sienten que “no están mejorando”, cuando en realidad los procesos de cambio ya están en marcha.
Un modelo más realista del cambio psicológico
Desde una perspectiva neuropsicológica, el cambio psicológico se asemeja más a una espiral que a una línea recta. Hay avances, pausas y retornos parciales que cumplen una función adaptativa.
Comprender la no linealidad del cambio:
- reduce la culpa
- normaliza la dificultad
- favorece la continuidad en procesos terapéuticos y educativos
No se trata de idealizar el malestar, sino de entender cómo aprende y se reorganiza realmente el cerebro.
Porque el cambio psicológico no progresa a pesar del desorden:
en muchos casos, progresa a través de él.

